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Justo ahí

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Buscando las palabras que no tengo me perdí,

en sensaciones que dejé de lado,

en situaciones que me hacían sentir

cerca de lo que un día fui 

y de lo que tanto renegué.

Buscando el consuelo del silencio me encontré,

entre la música que escuchaba 

y las palabras que escribí.



Y ahí estaba,

justo ahí.



El placer de escribir sin escribir.

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Me descentro, y acabo dejando este lugar. Y no quiero, pero tengo tantos sitios en los que evadirme que me falta tiempo.
Para inventar mundos. Historias que deben ser contadas. Y me falta tiempo para explicar, las sensaciones, las cosas cotidianas que se anteponen en mi camino. Y sigo, deseando que llegue el momento de poner el botón en pause. Aposentarse en la silla, colocar mis dedos sobre el teclado y dejarme llevar.
Cuánto lo echo de menos, y no, no creo que se deba a la falta de inspiración pues se desborda y sale de mil y una formas. No es que me pase el tiempo en otras cosas y no me quede aliento para aquí. Es esa pereza que me acompaña el cuerpo, ese tremendo fallo de dejarlo todo para luego. Más tarde, o quizás mañana, y la hora nunca llega en realidad.

Lo mejor sería invertir en propósitos, como los del nuevo año. Aunque sean locuras transitorias y ganas de gritar palabras que carezcan de sentido. Pero hacerlo un habito. Un momento de mi yo-conmigo y echarlo a volar.




Sentirse fuerte, como un espíritu libre que recorre sin miedo la senda.
Torbellino de sensaciones, universos extendidos a millones de kilómetros de distancia.
Ser así, como el payaso de la clase o la reina bañada en lagrimas.
Pero ser y sentir, como si no hubiese un mañana. Sólo un hoy permanente.
Tan sólo un presente.




Ainara.

Perdida.

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Me pierdo, en la inmensidad del mundo, en el vaivén de las palabras.
 Pierdo el norte, el sur, el este y el oeste.
 Pierdo la noción del tiempo, y después los segundos.
 Pierdo de la respiración al subconsciente y dejo la mirada perdida también. 
Me pierdo en la vida de Nathalie.
 Estoy que no estoy, y al estarlo estoy viva. 
Vivamente perdida, aquí o allí, 
en un simple momento suspendido en el tiempo.

Me siento bien, terriblemente bien. 
Y voy a seguir así. Perdida contigo. 
Contigo-conmigo. 


Ainara.

Dos en uno y uno en dos.

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Y respirar de tu boca el aire que exhalas,
 para anular mi ira en tu tranquilidad. 
Vencer los miedos que me atrapan, 
canalizando tu pausada respiración en mi acelerada desesperación. 
Al compás, al unisono de un sistema perfectamente cuadrado;
 donde mis días grises se funden con el color de tus ojos. 
Y tus días de tormenta se derriten con el calor de mi cuerpo.


Ainara.

Con o sin ti

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Me enseñaron, me ensañaron a contar hasta diez, 
he aprendido a respirar sin tener que trabarme después.

A silenciar mis gritos y desviar mis impulsos.
 He aprendido a saborear lo bueno y a desglosar lo malo.

Me enseñaron a seguir un camino, tirando de la paciencia,
 y del quererse, mirarse y sentirse pleno.

Y ahora, posiblemente me halle 
en uno de los puntos más álgidos jamás experimentados. 
Donde estoy, siento y vivo, en la simpleza de las cosas buenas. 
Y desde ese mismo punto, donde me hallo, voy a seguir...



Sin tapujos

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Bastan tres mil y un segundos 
para desvanecerme entre el vacío extremo 
de una madrugada que se distrae 
bajo siluetas en la oscuridad.

Dicen por ahí, no muy lejos de aquí. 
Que lo que se tuerce vuelve.

Que las melodías me abrazan y se funden en mi piel. 
El calor de su ausencia arrebatadora
que me alimenta el pensamiento 
cuando las horas se vuelven de textura eterna. 

Y me derrito con el cálido silencio abrasador 
que amontona cada uno de los recuerdos 
y me hace tocar el cielo,
con cada uno de mis dedos...

Poema de palabras silenciosas

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Silencio.

Enmudezco y los sentidos se pierden.
Atrás, y se esparcen por el suelo de esta habitación.
Añicos; los pedazos de recuerdo destilados por sentidos opuestos,
que a quemarropa deciden posarse sobre mi piel.


Las turbulentas sentencias de un demasiado tarde, demasiado lejos.
Demasiado pronto. 
Y se pierde tras la lejanía de pensamientos turbios.
Miradas vacías y sonidos quebradizos de risa nerviosa, dedos trémulos.
Sentimientos a flor de piel.
 Aquí, en el momento de salir y echar a volar.
En el segundo de después, entre ojos que no quieren ver. 
Oídos que se niegan a escuchar, y voces que deciden no volver a hablar.


Un hasta pronto, hasta siempre, hasta luego.
Hasta mañana, hasta un buen desperar,
un de nuevo; buenas noches.
Un silencio.

Una verdad cegada.
Una verdad privada.
Una verdad real.

De lo que es y lo que será.

Otoño

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Tenía miles de historias que contar, ganas de compartir. 
Quizás esa forma de sentir, la vuelta del frescor matinal, 
de esa chaqueta que nunca está de más. 
Tenía ganas de describir el sonido de las hojas al crujir,
 tras pisadas de botas marrones de nuevo enfundadas. 
Tenía ganas de percibir el olor a humedad 
y luz tenue casi tirando a oscuridad. 
De sentir el calor de la manta bajo su piel. 
De tardes de lluvia, películas y tranquilidad.
De silencios rotos por el ruido de las gotas al golpear el cristal. 
De esas cosas pequeñas. De los encantos de este temporal.
La música que lo acompaña, melodías suaves.
Un otoño sin más, un otoño con su magia especial.

Un momento

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Se paraliza el tiempo y el oxigeno lentamente disminuye. 
Se acorta la distancia del espacio próximo 
que nos une en una misma habitación. 
Los sentidos se disparan, las miradas rehuyen 
a la sensación que anida de lo mas profundo 
y trepa hasta salirse por los poros de la piel. 
Se canaliza la respiración en un vaivén entre cortado
de caricias imposibles que deseadas se imaginan sin parar.
Las piernas tiemblan, el cuerpo entero se balancea 
en un estado de catarsis incontrolado. 

El sudor, el color sonrosado que ahora siento en las mejillas. 
Las ganas de acariciar suavemente cada recóndito rincón 
que me estremece de su piel.
Sentir el aroma que desprende y el cosquilleo 
que se prende de un quiero y no puedo demasiado tentador.

Permaneceré soñando cada maldita vez 
que la casualidad vuelva a hacer de las suyas. 
Seguiré torciendo la mirada y quedándome embobada, 
cuando sus ojos no me miren y su ausencia 
se despida lentamente de este espacio tiempo aniquilador.
Seguiré buscando excusas baratas para subir y bajar, 
y hacer de esa casualidad una lotería continua 
de un tal vez hoy si, hoy pueda ser uno de esos días 
donde la suerte me sonría
y me compensa con su presencia una vez más.

El miedo

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Desencajamos el miedo. 
Ese miedo a hacerse con el control de las cosas, 
a saber que, que algo salga bien tan sólo depende de ti, una actitud. 
Ese miedo a ser únicos, tan diferentes, tan abstractos al resto del mundo. 
La antítesis profunda a lo dictado como normal. 
Normal, que palabra tan poco concreta. 
El miedo, al rechazo, al abandono, ese miedo a quedarse tan solo. 
El miedo, a decidir por uno mismo, a elegir que paso será el siguiente y ser consecuente. 
El miedo, a equivocarse, a aceptar una derrota. A tragarse un orgullo demasiado grande. 
El miedo, a dejar que las cosas sigan un curso muy alejado a nuestro control, 
a perder las pautas, a distraerse y caer en el filo continuo de lo desconocido.
El miedo a ser feliz, o a sentir la tristeza inundarte por dentro.
El miedo a dejar que las emociones fluyan a su antojo.
Los miedos de colores y sabores tan distintos, 
los que nos hacen ser como somos, y nos acercan o nos alejan de lo terrenal.
Nosotros los que decidimos romper los esquemas.
Desencajamos el miedo.
 ese miedo a reconocer la verdad.
Al aceptar y distenderse para tratar de cambiar.
Ese, el miedo que mucho estropea y de poco sirve.
El miedo; tan cruel, impaciente, sincero y antitemporal.


Sin agua

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Como una planta que hace tiempo que no probó el agua, 
hojas secas, flores marchitas, decayendo lentamente 
hasta probar el néctar del suelo sin vida que alimenta sus días.

Unos oídos que hace tiempo que no escuchan,
más que palabras vacías de sentido.
No dicen, no cuentan, no causan sensación.

Unos ojos que ya no creen nada de lo que tienen delante.
Medias verdades que necesitan ser enteras.
Hace largos días que dejé de entender,
que dejé de preguntarme un porque.

Que no hay nada, nada detrás que pueda convencerme.




Pausa

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Transmitir a través de las palabras una sensación. 

Un estímulo inquietante de tranquilidad atravesando por la mente. 

Todo se detiene, los sentidos quedan expuestos a miles de cosquilleos 

producidos por recuerdos que se almacenan en la memoria, 

y deciden pasearse libremente por un silencioso presente. 

Luz tenue, dibujando el contorno de una silueta perfecta. 

Unos dedos descubriendo nuevos surcos sobre piel de terciopelo, 

resiguiendo el camino de las lineas curvas de labios sedientos de otros labios.

Un soplo de aliento expuesto en la nuca que eriza la piel.

El olor del perfume en la almohada fundiéndose en el interior.

Caricias que traen consigo la calma, y empieza a respirar.

Pausadamente, llenando de aire los pulmones, despacio,

sintiendo cada átomo de oxigeno llegando a su fin.

Resoplo, como un suspiro infinito llegando a su destino.

Atravesando la imposibilidad de romper una conexión tan auténtica,

una coincidencia tan casual; como el que decide salir a buscar, y encontrar.




Casi sin querer

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A veces tiene miedo de quedarse muda de palabras que escribir, 
y sentirse culpable antes de decir sin haber dicho apenas nada. 
Quedarse quieta, observando sonidos huecos de razones sin sentido
que deciden sentarse a lo lejos, tratando de pasar desapercibidas. 
Buen intento, trató de decirse a sí misma, pero las cosas habían cambiado. 
Nada era lo que parecía y todo era lo que no se veía. 
Quiso contemplar la verdad a través de un cristal ahumado, 
algo distorsionada, retraída y confusa. 
Sintió el palpito otra vez, esa punzada que le deja a uno sin aire por unos instantes.
Volvió a temblar, un torrente enérgico recorriendo súbitamente por su interior. 
Y el sueño llegó después. 
A veces tiene miedo, y habla de forma confusa para que sólo aquellos capaces,
sepan entender lo que en realidad quiso decir. 


(Des)aparecer.

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Igual que aparece desaparece pero al revés. 
De la nada, como un golpe de aire primaveral, 
como un sueño que se puede palpar,
como esa realidad que supera la ficción, 
como todas esas cosas que pasan y no puedes explicar.
Poco a poco, lentamente, unos segundos,
luego unos minutos, más tarde unas horas.
Como ese estado elevado de si no lo veo no lo creo.
Pellizca que esto no puede estar pasando.
Es así, era así, fue así.
Cesan las horas, luego los minutos,
para más tarde pasar a cero coma segundos.
En dos lugares, en uno, luego en ninguno,
Ya no está, ya está, ya se acabó.
El momento de gloria pasó.
Desaparece igual que aparece pero al revés.



Podemos ser

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Podemos ser dos desconocidos.
Podemos ser silencio adormecido.
Podemos ser sombra de la noche.
Podemos ser agua salada de mar.
Podemos ser viento del norte.
Podemos ser cuanto queramos ser.

Apuesto por...

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Las miradas devoradoras,
la complicidad total, 
la confianza ciega.

Apuesto por las caricias,
los susurros en el oído,
los lugares pohibidos.

Apuesto por los juegos debajo de la mesa,
dos cuerpos desnudos,
las duchas compartidas.

Apuesto por las risas mutuas,
esos momentos donde no importa lo demás,
la  plena seguridad.

Apuesto por los gestos inesperados,
los mordiscos, los besos
y las lenguas recorriendo el cuerpo.

Apuesto por la atracción,
los arañazos en la espalda,
los dedos que se entrelazan.

Apuesto por las sorpresas,
los ojos vendados, las esposas,
y el hielo derritiéndose en la piel.
[...]

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A veces me pongo a pensar, y me topo
con un muro inmenso de indiferencia.
De vacío extremo, de ruido sordo.
No hay nada, nada de nada.
Simplementeasídesimple.

Hablemos de...

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Hablemos del miedo, de ese miedo que yace escondido bajo la cama,
que se aferra en la penumbra de la soledad.

Hablemos de esos momentos de oxigeno,
de la sensación de librarse por unos instantes del agobio repentino.

Hablemos de ausentarnos, de escondernos tras un muro
de hierro oxidado.

Hablemos de la tentación, del impulso que producen 
las miradas fugaces y unos labios a quemarropa.

Hablemos del delirio incontrolado,
de los sueños rotos, perdidos e imposibles.

Hablemos del silencio, quemando el hueco del ser distante

Hablemos de todo, o hablemos de nada.

Hablemos del vacío, de la virtud, del deseo en lo mas profundo de nuestras entrañas.

Hablemos del olor a primavera, del sonido del viento al colarse entre las ramas

Hablemos de salir corriendo, de perderse, de sentirse diferente.

Hablemos del sonido acelerado de mi pulso al cruzarse con tu mirada.

Hablemos de perder el norte, el sur, el este y el oeste.

Hablemos de ti, o hablemos de mi.

Lo que sea, pero hablemos.


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Aunque tu no lo hayas hecho,
aunque esta sea la única forma,
aunque estés lejos,
aunque aún te guarde rencor
aunque hayan muchos peros, y demasiado silencio.
Aunque nos pueda más el orgullo que admitir las equivocaciones.
Hoy es tu día; Feliz Cumpleaños. 


                 

He aprendido

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He aprendido a callar, a decir lo justo, a observar desde la distancia. A pensar en vez de explicar.
He aprendido a reservarme lo mejor para el final. Que no siempre es bueno decir lo que uno piensa.
He aprendido que cuanto más se sabe, menos atención se presta. Y que repetir ciertas palabras, hace que carezcan de valor. He aprendido que lo bueno suele estar en lo insignificante. Que las señales si existen, y en el verdadero valor de los detalles. He aprendido donde está mi propio límite. A decir sí, a decir no, a decir basta. 
He aprendido a mantenerme, a pesar de los pesares. He aprendido a dominar la empatía. He aprendido a ver la parte positiva de las cosas negativas. He aprendido a tener paciencia, a respetar las decisiones ajenas y a esperar. He aprendido... 

He aprendido a callar, a decir lo justo....