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Recuperar el sentido

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Quedarse con lo bueno y lo malo, las veces que fallas, que sientes ese pequeño atisbo de soledad rodeando cada partícula de tu ser.

Las cosas buenas que nos pasan, la alegría, las sonrisas, esa vida guay que llevamos tras una lente continua, el afán de enseñar solo una parte y quedarse con la mitad.

Pero a veces también existe la parte mala de las cosas, la visión que todo el mundo quiere esconder, el silencio de lo que no gusta. La vergüenza, lo que no hace falta decir.

Como todos, también tuve uno de esos momento donde no todo está bien, donde parece que eres esa pieza del puzzle que no encaja en ningún sitio.
Donde buscas y no logras encontrar, ese no sequé, ese que se yo. Sin embargo falta, un hueco se instala y decide quedarse ahí, alimentándose de ti, de esas pocas ganas de seguir intentando, de buscar el fracaso, de tocar fondo.

Hace cuatro años escribí algo, algo que vivió mas de la oscuridad que de la luz.
Y que hoy me atrevo a compartir con el mundo.

Me falta el aire, me sobran ganas, me aburre todo y nada me calma.
No entiendo absolutamente nada de lo que ocurre a mí alrededor. No sé nunca de que vala gente que se me acerca. No me fío ni de mi sombra. Dudo a todas horas y pocas cosas son las que me impresionan. Detesto llegar a límites que son capaces de torturarme constantemente la cabeza.
No soporto encontrarme en un mundo del que ya no pertenezco. Vivo lejos, y ni siquiera sé lo que siento. Ahora es blanco, pero tranquilo, que en medio segundo será negro. No me mantengo y siempre me acecha el miedo.
Vivo en lo ajeno y planto mis sueños en un desconocido. No me detengo y siempre pienso, por si al parar muero. No soy silencio, ni ruido, ni aire, ni frío. Siempre a la sombra que el sol me quema. No me entrometo, y sin hacerlo me salpica. Busco diferencia, pero el tiempo me inquieta. Jamás acabo nada de lo que empiezo, me aburro a medio camino, y todo deja de tener sentido. Busco nuevas metas pero pierdo el interés cada dos por tres.
Tropiezo doscientas veces con la misma piedra y siempre vuelvo al mismo lugar, así caer de nuevo. (Esperando no volver a fallar). Me ausento y me distraigo con lo que los demás no son capaces de ver. Si me gritas muerdo, y si no, estaré a la defensiva. Procuro ir más allá, pero tú quédate quieto, que no te dejaré entrar. Tengo ojos que no se sorprenden al mirar, donde antes veían un mundo, ahora solo ven porquería. Ladrillo a ladrillo, levanté un muro, que dudo alguien, pueda derribar. No busco avenidas, pero si callejones estrechos con única salida.
La tristeza se apodera mucho más de lo que quisiera. La soledad no lo mejora, pero nunca se me dio bien pedir ayuda. Y es que me siento rara, que nada me llena y todo pende de un hilo casi invisible, que al tocarlo todo tiembla. Cuando busco comprensión, acabo buscando solución a problemas de los que no soy parte implicada.
Estoy cansada,de ahogarme en mi propia saliva, de silenciarme cuando en realidad quiero gritar. De que la ira me corroa y se haga con el control de mis actos. De que me cueste tanto respirar, que el dolor me oprima el pecho y no saber que lo produce. Que las heridas supuren cuando creí que ya estaban cerradas. Y sobre todo estoy cansada de tratar de salir, cuando en realidad se que tarde o temprano volveré a entrar.
Odio sentirme así, tan fuera de lugar.


Ha llovido mucho desde entonces, se han vencido todas y cada unas de las barreras impuestas por uno mismo. Somos dueños de nuestras desgracias, esas que escogemos creyéndonos los más sabios del planeta, y que en un instante nos golpean fuerte contra el suelo.
La fuerza, la persistencia de querer ir contracorriente de esa visión del mundo donde no quisiéramos estar. El querer ser un poco mejor cada día, el camino, no el destino.
Y mirar hacia atrás, embobada escuchando una voz ahogada de sorbos de realidad, y no reconocerse.

No reconocer a esa chica que habla y dice una verdad que fue pero que ya, no es.

La chica de la sonrisa eterna me mira, sonríe y asiente.


Ahora, sí.

Voy a comerme el mundo a pedazos,
saborear cada instante como si fuese la primera vez.

Sentarme a escuchar el silencio,
y aprender de lo que pasa ante mis ojos
disfrutar de mi verdad más autentica
y exprimir al máximo cada segundo sucedido.

Voy a sonreír, voy a sentir.
A impulsarme con mis propios latidos,
y a dejarme llevar a la deriva,
a donde me lleven mis propios pasos
a disfrutar del sentido de una vida, que gira, gira y gira.

Pero siempre hacia arriba, a lo alto de la cima.

Carteles de motivación


Aquí y ahora

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Es curioso como pueden llegar a cambiar las cosas. Como algo que hace relativamente poco resultaba molesto, ahora deja de tener esa importancia. Cobra un significado distinto, tal vez resultado de la ignorancia del mismo. Supongo que en realidad se trata de convencerse, de mirar las cosas bajo otro punto de vista, salirse del papel y observar atentamente esas cosas que descolocan. Buscar soluciones y ponerse de lleno a ello.

Algunas cosas cuestan más que otras, lo normal. Pero siempre se puede llegar algún acuerdo entre la situación y el propio bienestar. Intentarlo una, otra y otra vez. Hasta llegar a ese equilibrio donde todo coge su justa medida y nada más. Quizás suene un poco abstracto, o tal vez no. Las cosas cada uno las interpreta como quiere y eso está bien. Está bien buscarle el doble significado, un parecido o hallar un ejemplo con el que compartir una opinión.

En mi caso, suelo pasar por una serie de fases. Las primeras fases son aquellas en las que no ves ninguna salida, te ciegas en decir que no hay nada que hacer, que es lo que hay. Y entonces te echas la culpa aunque no tengas nada que ver. Te sientes mal, y quizás puedas llegar a pensar que si lo hubieses hecho de otra manera esto no estaría pasando. Yo ahí decido poner un punto. Un punto bien grande, y decirme. Está bien, lo hecho; hecho está. Ahora busco la manera de o bien solucionarlo, o bien encontrarme mejor.

Solucionarlo. Tú puedes querer solucionar algo, pero si en ese algo están implicadas dos personas, por mucho que tú quieras, nada se puede hacer. Yo no seré la que se de contra una pared, más no. Así que busco esa tranquilidad, esas ganas de disfrutar de los pequeños detalles que se presentan. Aunque siempre hay unos días mejores que otros, pero así es la vida. No sirve de nada lamentarse, no sirve de nada perderse por los rincones. Lo que sirve es demostrarse a uno mismo esas cosas buenas. Esas cosas que si merecen la pena.

Me limito a vivir día a día.

Y lo que no es, no es. Pero lo que tenga que ser, será.

Retrasar lo inevitable

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Estas cosas saben mal. Cuando en tu mente te inventas miles de situaciones quizás demasiado inalcanzables. Esas ideas que revolotean por la cabeza y en seguida, piensas en lo absurdo que parece que pueda llegar a ser verdad. Pero ese día llega, y entonces piensas que en realidad estabas durmiendo y en cualquier momento despertarás. Y un buen día sin venir a cuento, llega ese día que tanto temías, en el que despiertas y todo eso se esfuma aparentemente sin a penas dejar rastro.

Sabe mal cuando pasa esto. Y estoy cansada de escuchar y leer que no debería ser tan emocional, de tener que medir las palabras para no asustar, cansada de tener que dejar espacio para tratar de molestar lo menos posible, y en el fondo querer seguir ahí de la forma que sea. Estoy cansada de ser vulnerable a estas cosas, y a tener que fingir que me dan igual, cuando se ve a años luz que no es así.

Pero que más da, las cosas que me importan vienen como vienen. Soy así, me dejo llevar por lo que me preocupa, me invaden miles de sensaciones y a veces no son del todo buenas. Me gustaría pensar que nada ha cambiado y sin embargo lo ha hecho. Que el espacio y la prudencia no sirven de nada, porque cuando uno quiere algo hace todo lo posible.

Me quise poner fecha, algo muy tonto, para autoconvencerme de lo que estaba ya muy claro. Ponerse fecha es retrasar lo inevitable. Así que mejor hacer frente ahora, aunque duela, que engañarse y seguir fingiendo que todo da igual, aunque en realidad sepa mal.

Me declaro culpable

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A veces sé que soy un poco masoca, que me gusta reinventarme en conversaciones del pasado. Guardar esas cosas que traen consigo algunos recuerdos. Incluso un aroma, alguna canción, algún escrito dedicado, o algo grabado.
Quizás porque me cuesta soltar algunas cosas. Tener que desprenderse sin más. Supongo que dejo que eso que pudo significar algo para mi, por muy pequeño que sea siga formando parte de mi historia. Una historia real que me ha llevado a donde estoy a donde iré o incluso me hizo llegar a donde quise ir, a donde fui.

Son como pequeñas reliquias que quizás puedan causar un ligero escozor, pero el sabor dulce que dejan en el paladar es sin duda mucho mejor. Hay que saber separar, que hay cosas que fueron, y que no dejaran de ser así. Pero es un verbo conjugado en pasado y no en presente.

Sigo evadiéndome, sigo torciendo la mirada, sigo deleitándome con lo que un día fue.

Lo admito, soy culpable.

Un pequeño abismo de lo que soy

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Trato de impresionar(me).

De sentirme un poco más viva con cada una de las cosas que hago.
Encontrar ese equilibrio interno que me diga que voy por buen camino,
y me sienta firme y conforme con cada uno de mis actos.
Trato de ser fiel a mis principios, de crear esa escalera que sube y sube
a una cima por encima de cabezas huecas, ojos ciegos y oídos sordos.

Busco hallar la forma de ser yo misma. De ser auténtica. Original.
Y sentirme plena, libre y sincera, en cada paso que doy,
y en cada decisión que tomo.

No soy perfecta, ni lo seré. No dejaré que esta rareza que me caracteriza se emborrone de mi piel.
Soy como soy, lo que ves y lo que no.
Guardo un mundo interior demasiado grande, a veces me aparto,
otras finjo no saber y otras... otras soy alguien diferente.
Puede que la normalidad no me identifique, pero la normalidad jamás fue algo que llamara mi atención.
En ocasiones soy demasiado emocional, eso a veces me hace vulnerable.
Otras soy fría como el hielo y dura como una piedra.
No me gusta que me encasillen, simplemente porque no se puede.
Porque nadie puede saber como soy en realidad, si ni yo misma sé cual es el siguiente pensamiento que inundará el segundo de después, el minuto de a continuación y la hora que lo acompaña.

Siempre lo dije, busco ese no se qué capaz de sorprender.

Y para eso estamos: para sorprender.

El guión de su vida: parte II

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No, seguro que no estaba del todo equivocada. Se negaba tener que darle la razón a los demás. Y es que sabía, sabía sentenciarse hasta el último aliento arraigada a sus pensamientos. 
Puede que esos sólo trataran de confundirla aún más, ser ese premio desobtenido hace ya. Puede que se tratara de un juego sucio, manipulado para conseguir lo no conseguido. 


Tal vez se escondiera tras de si una parte de honestidad, tratando de salvar lo que ya se daba por muerto en un principio. 

Si se trataba de un pasatiempo, un rompecabezas demasiado complejo. 
Quizás fueran tan solo palabras inventadas muy bien colocadas. Tal vez fuese verdad, o una pequeña mentira muy dada de si. 
O esto solo sea un montón de vocablos bien sonantes que se disparan como misiles a través de unos dedos conducidos por un montón de sensaciones, pensamientos y emociones ya distorsionados, por la elasticidad del tiempo, el silencio y quien sabe, quizás también del viento.

Otoño

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Tenía miles de historias que contar, ganas de compartir. 
Quizás esa forma de sentir, la vuelta del frescor matinal, 
de esa chaqueta que nunca está de más. 
Tenía ganas de describir el sonido de las hojas al crujir,
 tras pisadas de botas marrones de nuevo enfundadas. 
Tenía ganas de percibir el olor a humedad 
y luz tenue casi tirando a oscuridad. 
De sentir el calor de la manta bajo su piel. 
De tardes de lluvia, películas y tranquilidad.
De silencios rotos por el ruido de las gotas al golpear el cristal. 
De esas cosas pequeñas. De los encantos de este temporal.
La música que lo acompaña, melodías suaves.
Un otoño sin más, un otoño con su magia especial.

El guión de su vida: parte I

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¿Estás triste? Le preguntó.


La pregunta resonó entre las cuatro paredes en un tono duro y desgarrador como el mismo significado. No estaba triste, ni vacía, ni hueca. Tan sólo era una silueta silenciosa en medio de la multitud. Sorda, sin sonido, sin un grito valiente capaz de torcer miradas y atraer la atención hacia si. No la quería, no la suplicaba, deseaba ser observadora desde rincones exquisitos donde se contempla lo que se ve a simple vista y lo que cuesta más de percibir. 



Las cosas que se ocultan bajo manto de caras sonrientes, ceño fruncido y palabras amargas. Bajo silenciosas miradas atónitas que se pasean inadvertidas, tras el velo raro de una mentira o una media verdad. 

Palabras que vienen y van, que significan y dejan de hacerlo en cuestión de segundos. 


Se sentía viva, aniquilada de ardor tras el silencio que la envolvía y la alejaba de una realidad demasiado complicada y fuera de su alcance. Tenía su mundo, ese pequeño desconocido y diferente mundo, donde se sentía valiosa y verdadera.


Canciones

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Hace unos días estuve haciendo limpieza en la habitación y encontré un cd que ponía; canciones Ainara. Debe tener casi unos diez años ese cd. Y contiene parte de mi pasatiempo adolescente.
Como perdí todo lo que tenia en el disco duro externo, pensé que las canciones también, pero no, se han podido salvar unas pocas. 

Era una tontería, un juego para matar el tiempo, un juego que relajaba, me hacía reír, incluso me ayudaba con la pronunciación en inglés. 
Me dedicaba a grabarme cantando esas canciones que me gustaban, o que me apetecía cantar. Además lo grababa a lo cutre, con el grabador de voz, y sobre la canción misma. Que queréis, era una novata del pc para entonces, aún así, daba el pego. 
Creo que llegué a grabar más de 80 canciones, en catalán, en castellano, en ingles, en portugués e incluso me atreví con algo de francés. 

También hice a mis amigos grabar sus canciones, recuerdo que los liaba por las tardes para hacer un recopliatorio de nuestras canciones. Y ahí estábamos el Edu, el Atis, la Eva y yo cantando. Eran buenos tiempos. Eva y yo escogíamos canciones que los pobres no se sabían e iban perdidísimos! El Atis y yo cantando Fotografía de Juanes y Nelly Furtado, más bien parecía que yo cantara con Juanes, y el Atis trataba de dar con alguna palabra, jaja. 
Igual que el Edu con la Eva, los problemas que tenían para cantar, porque no se ponían de acuerdo. Luego estaban las canciones individuales, molaba, el Atis cantando New America de Bad Religion y los demás haciendo los coros. Luego ya desvariábamos, y modificábamos la letra de las canciones. También nos cambiábamos los papeles, ellos hacían de chicas y nosotras rapeábamos haciendo de chicos. 

Pero no fueron ellos los únicos, también canté alguna con el Msk, una de The Cardigans la de Erase and Rewind, esa no la llegamos a grabar porque no quedó muy bien, pero tengo ese recuerdo grabado en la retina. Son cosas que por suerte nunca se olvidan. Sikem también se animó a cantar una de Sum 41, muy desganado jaja, pero por lo menos, lo intentó. Yo lo prefería cuando tocaba con la guitarra y cantaba la de Feels Like Home de No Use For A Name. Recuerdo una de esas noches de locura que fui andando hasta Esparraguera para darle una sorpresa, y la sorpresa me la dio él a mí cuando bajó con la guitarra y me cantó la canción de la intro de los serrano, jajaja, y luego a la hermana de Cris. Genial.
También tenía canciones de Roger, incluso él se animaba con los vídeos, pero este era el más listo, lo grababa en su casa y luego me lo enviaba! Así era muy fácil!

Luego ya salió el juego del singstar y dejamos de grabar, nos hicimos mayores y ahora todo eso se ha quedado por ahí sostenido en algún sitio. Quien sabe a lo mejor algún día lo recupero y lo saco a la luz. Aunque quizás si llega ese día, tenemos guerra declarada. Jojojo

Bueno aún así, como creo que de vergüenza ya me queda más bien poca, voy a dejar alguna de esas reliquias que estaba en el dichoso cd. Aviso que es posible que llueva (si). Y también aviso que no soy perfecta y que en alguna se funde mi voz con la de la cantante. Que hay equivocaciones de letra, interferencias, algún que otro gallo y algomásquesemescapa seguro. ¿Pero sabéis que? QUE ME DA IGUAL! :)))

Apali!

Lene Marlin - Unforgivable Sinner

Michelle Branch - Desperately
 

Beth - Diario De Dos

Esas horas de dormir

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Me encanta la madrugada, es en las horas que me siento más viva, con más ganas y más inspiración. Lástima que se desperdicie durmiendo la mayoría de veces.

A veces tengo la sensación, no mejor dicho, no tengo la sensación. A veces adopto la simpleza que tanto admiro de los hombres, ver lo que hay, sin ir más allá, sin preocuparse o cuestionarse sobre un asunto en concreto. No me doy cuenta, lo entiendo tal cual y me quedo con eso. Sin importarme más de lo que quizás debería hacerlo, pasa el rato y es cuando algo en mi cabeza hace click, y como las piezas de un rompecabezas todo vuelve a cobrar ese sentido "oculto". Un mensaje que antes no percibía, donde ahora se entiende mejor. Sentir esa sensación tan molesta de montaña rusa de sentimientos, por cuestionar demasiado. Darle importancia, quizás esta vez demasiada. 

Realmente si pudiera escoger, me quedaría con la simpleza de no entender nada, o más bien, no querer ver mas allá de lo que se tiene en frente. Todo sería mucho más fácil. 
Pero entonces perdería la capacidad de percibir, de saber sin tener que preguntar. 
A veces es difícil arriesgar... pero hay que hacerlo.





"Yo también tengo una teoría. La mía es sobre momentos. Momentos de impacto. Mi teoría es que esos momentos de impacto, esos destellos tan intensos que cambian completamente nuestra vida, llegan a definir quienes somos. 
El hecho es que cada uno de nosotros somos la suma de los momentos que hemos experimentado y de todas las personas que conocemos. Y estos son los momentos que se convierten en nuestra historia. Como nuestras cosas personales en nuestros recuerdos que jugamos en nuestra mente una y otra vez. Un momento de amor completamente físico, mental, y cualquier otra clase de amor. 
Esa es mi teoría. Que esos momentos de impacto definen quienes somos. pero nunca he considerado…¿y si un día no puedes recordar nada? "

Soy culpable

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Es diciembre, mi mes favorito. Es martes y es 13. Es un día que está bien. El martes me gusta supongo que por ser el segundo día de la semana; el 2 es mi número favorito, además de ser par. Y lo del 13, por lo de la mala suerte, tiene su encanto.

Estoy confusa, quizás sea este día que lo confunde todo aun más, o quizás sea por echarle la culpa a algo. Eso que alguna vez todos hemos hecho.  No es el tema.

Yo no sabía que el hecho de querer conocer a alguien fuera un delito, o algo parecido. Que se tuvieran que poner distancias. Me parece complicado saber de una persona si no está ahí, al otro lado.
Hace mucho tiempo que dejé de inventarme las cosas, y por eso pregunto. Para saber la verdad. Por que no me gusta juzgar las situaciones si no sé de que van. Lo de inventarse películas está muy bien, cuando eres pequeño y estás aburrido. Pero a estas alturas, no sirve de nada, más que para liarse y sacar conclusiones que por lo que estoy viendo son equívocas.

No te voy a mentir, no tengo ni idea de lo que pasa por tu mente. Pueden ser tantas las cosas, que si no me lo dices, yo no lo sabré. Si hay algo que si puedo decir es lo que pasa por la mía.

Tengo curiosidad. Quiero saber cosas de ti, desde lo insignificante hasta lo que tú quieras. Me gustaría saber quien es ese chico que todo el tiempo está serio y en ocasiones sonríe. Ese chico que se ausenta de no se qué, para hacer las cosas bien. Sí, lo siento, si de algo soy culpable es de querer conocerte. Nada mas. Porque no tengo nada más que ofrecer.

De ahí a todo lo demás, hay un abismo. 


Ainara.


El mundo sencillo

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A veces me escapo a ese lugar, donde todo es más fácil y mejor. 
Donde me siento bien y segura. Donde no hay cabida para las voces crueles, ni las mentes confusas.
Donde reside la tranquilidad suprema, y la felicidad extrema.
Donde no daño ni ahuyento a nadie. Por que nadie puede entrar.
Donde las cosas buenas abundan, y donde no existen los complejos.
Ese lugar donde van a parar todas las cosas que me gustan, y el único sitio donde ser imperfecto te convierte en perfecto. 

Tomar un respiro y dedicarse a potenciar eso que realmente te hace sentir bien. Te hace olvidarte de todas esas cosas que eres incapaz de entender, y que probablemente no tengan solución.

Ahí, en ese otro lado de alguna otra parte. Donde habita todo eso que soy y quiero ser. Las metas, los propósitos. Todo. Todo lo que sea capaz de conmoverme aunque tan sólo sea una milésima. Merece estar aquí. En ese otro mundo sencillo, mi mundo. En donde las palabras tienen sentido, y donde me mantengo todo el tiempo. Donde no existen los altibajos, y no hay tiempo para los estados depresivos.


Donde conviven la autoestima, la seguridad, la ilusión, la belleza, la risa, la música, la libertad, la esperanza, la empatía, la superación personal, la curiosidad, la amistad, los sentimientos, el deseo, los sueños, y un sinfín de cosas que consiguen hacerme brillar. Diferente en medio de ese mundo gris que casi siempre está latente. 

Aislarse de todo lo real, de los sentimientos que no se pueden controlar y que a veces te hacen sentir mal, para entrar en ese lugar que nadie puede derrumbar.

Perfecto. Extraordinario. Original. Interesante. Diferente. Único.
Ainara.



 Versión  cutre y rápida... pero, de perdidos al río...

Con la calma que no tengo

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Vivir al revés. Como siempre, como cuando llega ese momento del día en el que muchos se levantan y otros muchos se van a la cama. Yo me pongo a escribir, para seguir en la linea que me he marcado. 

El motivo, si, no nos vamos a engañar probablemente tu tengas algo que ver. Hay veces en que tu silencio me asusta un poco, supongo que se deba en gran parte a la poca seguridad que tengo en mi misma. A veces me pongo a pensar y acabo con esa manía que tengo de compararme con otras personas, y entonces entro en pánico. Todo a mi alrededor se derrumba y es cuando me siento tan pequeña en medio de este mundo inmenso. La costumbre de ahogarse en un vaso de agua. 
En cambio hay momentos en los que me siento la persona mas especial del mundo, cuando te sientes tan pleno que no cabes en ti mismo. Y todo es de otro color. Incluso las mismas historias que te cuentan todos los días las ves de forma distinta, hay cosas que ya no pesan, que ya no cansan.  

Siempre he dicho que los detalles más insignificantes son los mas grandes, esos que tienen mas valor que ningún otro. Esos que te hacen respirar y ser consciente de ello. Que te dan la vida, o por lo menos esas ganas que a veces tanto hacen falta.
Me pasaría el día rompiendo ese silencio que marcas, porque me pueden las ansias. Pero no voy a hacerlo, no voy actuar impulsivamente, no voy a cargarme algo que tanto me gusta, esta vez no, esta vez, voy a hacerlo bien.


....y que todas esas palabras se puedan palpar.

Ainara.

Insuperable

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Las palabras se tornan mas reales cuando se plasman, porque mientras se suspenden en el aire se vuelven transparentes y se pierden en memorias que no saben recordar. 
Tener el valor suficiente para decir, sin molestar, para no causar esa especie de ahogo que a veces tanto molesta, el temor a fastidiar cualquier cosa posible...

Esta impaciencia innata me corroe las entrañas. 

Odio la oscuridad, la odio más que nunca, me asusta, quizás se deba a que quepa la posibilidad de que lo imaginado deje de ser algo inmaterial para formar parte de algo verídico. Y así mismo con la vida real. 
La mente trama una serie de posibilidades que exigen demasiado, una serie de imágenes donde a pesar de ese entusiasmo siempre hay un trasfondo que no existe. 
Cuando te has empeñado en crear esas expectativas que ni tan sólo tu puedes llegar alcanzar, pero lo haces. Lo haces para que de alguna forma digas, "bah total... no era lo que yo esperaba" y un sinfín de tonterías para alentar la calma. 

El problema es cuando pasa totalmente a la inversa, cuando lo desconocido se vuelve tan extremadamente encantador que supera cualquier tipo de expectativa creada antes por esa cabeza que no deja de maquinar. 
Cuando esas imágenes retenidas en el interior se proyectan al exterior. 
Y entonces todo pierde su sentido. Las noches se vuelven demasiado largas, el cuerpo no descansa, las horas de sueño se transforman en horas de sin saber, que, donde, como y cuando. Los latidos se aceleran, reviviendo una y otra vez esos recuerdos que no me dejan.
Me despierto ahora de un sueño extraño de domingo por la tarde. 
Sin entender, y con esa sensación estúpida de no creerme nada. 
Porque estas cosas buenas a mi no me pasan.
Debe tratarse de una broma, o a lo mejor soy yo que he perdido la cabeza y ya no distingo lo que es real y lo que no.

El aislamiento a veces se convierte en la mejor escapatoria con la que lidiar, sobretodo cuando lo que hay ahí fuera roza la perfección. Tu perfección... y, sin embargo, no te sientes a la altura.

Ainara


Inquietante inquietud

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Necesitaría muchos días para poder explicar todo lo que pasa por mi cabeza, pero por más que lo intento no encuentro las palabras adecuadas. Se queda ahí suspendido en el aire. Ese vacío que cada vez se hace más y más grande. Los nervios a flor de piel. Los días que amanecen estupendamente bien, que siguen con esos estados de pesimismo tan propios de mi y que acaban con esa incertidumbre de sabor agradable a saber-sin saber.

Y es que a veces el no entender sienta bien. Las sutilezas despiertan en mi un interés. Será que soy rara y que lo típico no me convence, o será que soy tonta y me gusta engañarme. Quien sabe.
Unos retos cada vez mas altos. Y es que escribir de este modo me resulta cada vez más complicado, quizás por el miedo a dejarme llevar de esa forma que bien sé y que no puedo expresar. Porque de hacerlo se corre el riesgo, ese riesgo que tanto asusta y atormenta. Porque después de estar aquí no me perdonaría un paso en falso capaz de acabar con todo. Como un lapsus de espacio-tiempo, ese que te hace cometer errores y salir huyendo. Como... prefiero no dar ideas.

Detrás de mi no hay nada, y ante mis ojos una sola presencia que no me deja ni un segundo. Se ha quedado ahí y a decidido hacerlo durante un buen rato. Se pasea por mi mente con un vaivén de ideas que producen esa maldita sonrisa que reviste mi boca. Se paralizan mis sentidos. Si alguien me habla se extingue el ruido en mis oídos. Las voces ajenas ya no suenan, se evaden mis pensamientos muy lejos. Y en un instante ya no estoy.  Así pasa un día tras otro, y otro, y otro... a la espera de un sonido de luz verde que lleve mis latidos de cero a cien en tres segundos y medio.

Ainara.




Utopía

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¿Sabes esas veces en las que piensas algo, e involuntariamente llevas la sonrisa colocada entre los labios?
¿Ese punto en el que revivir un segundo pasado, lo paraliza todo?
¿Esos momentos en los que te sientes tan inmensamente grande que no cabes en ti mismo?
¿Esas ocasiones, donde los pocos minutos de lucidez, no consiguen calmar ese estado de satisfacción incontrolado?
 Esas veces en las que una inyección de realismo resultaría devastador. 
Pero no, no nos engañemos... 

Estos segundos son efímeros.


Ainara.