Trazar lineas continuas

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El ruido del teléfono me desvela del silencio que me sucumbe en la nube que me mantiene aislada de todo lo que me envuelve. En ese momento, en que decido contestar, sé que hoy no será otro día más. Los planes improvisados siempre han sido de mis favoritos, esos en los que no sabes bien bien que sucederá, los que descolocan por completo, los días especiales en los que te dejas llevar por lo que dicte el subconsciente, sin pensar en nada más.

Después de tratara de deshacerme de este lugar llamado mundo, de desaparecer y reaparecer cuando me ha venido en gana, de ir siempre a contracorriente. He tenido valor, ese valor a enfrentarme a lo que por duda, confusión e inseguridad te vas negando y vas dejando a un lado pensando que tal vez algún día pueda convertirse en una buena opción. La actitud; lo único que sirve para que sea o no un buen momento. 
Necesitaba desprenderme de todas las tonterías que anidan en mi cabeza, tranquilizar mi mente y empezar a hacer, trazando lineas continuas.

Lo sorprendente de no crear expectativas es que estás abierto a cualquier emoción, a esos detalles que no verías si fueras con una idea premeditada. Dejarse llevar, por conversaciones que te hacen sentir bien, muy bien. Olvidando por unas horas cosas que en realidad no tienen tanta importancia. Abrirse al mundo, desplegar las alas y sentirse libre, compartiendo momentos extraordinarios, sensaciones nuevas, risas, bromas. Disfrutando de buenas vistas, de miradas que dicen más que las palabras.

La grandeza se encuentra en los detalles más insignificantes; entre un par de mojitos, una tarde de sol y el sonido de fondo de las olas rompiendo a la orilla.  


Gracias.



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